Los éxitos del momento

Desde los 9 años de edad aproximadamente, he estado de alguna u otra manera estudiando música. Sin embargo, cuando me fui a vivir a Guadalajara durante la universidad, decidí retomar mis estudios en la música.

Recuerdo durante cada sesión mi maestra solía preguntarme «¿practicaste en la semana?», lo cual me traería inmediatamente angustia y preocupación por responder. Me sentía presionado e imaginaba que tenía el compromiso hacia mi maestra de avanzar más de lo que debía y de ser un alumno de quien ella podría hablar. No hace falta decir que ambas creencias eran mías y completamente mías.

Sin embargo, la pregunta de mi maestra era impulsada por una realidad diferente a la que yo creía; ella solía hacerme esta pregunta dado que observaba que en efecto iba avanzando en mi técnica.

Fueron esos momentos en los cuales comencé a pausar durante un momento y a reflexionar sobre la razón por la cual iba mejorando si dedicaba «poco tiempo» a ensayar (a este punto, podrás imaginarte la métrica poco realista en la que me basaba para medir si ensayaba poco o mucho).

Dentro de esos espacios de reflexión, lo que encontré al fragmentar aquellos pensamientos fue lo siguiente…

Tenía la falsa noción que ensayar era el resultado de dedicar una hora mínimo al día para practicar y que tanto el horario como el día eran inamovibles. Tal vez en este momento pienses «¿esa es una métrica poco realista? ¡No lo creo, Néstor!». Pero no era tanto los 60 minutos que debía designar a practicar lo que me hacía sentir de esa manera, sino que era el resultado que me exigía dentro de esa hora. De alguna manera, parecía que no tenía lugar en esos minutos de equivocarme, de retroceder, de olvidar o siquiera pensar que estaba haciendo algo bien. Qué pesado….

Era mucha la presión que ponía sobre mí, y afortunadamente escribo ahora en pasado este párrafo… bueno, a veces… menos que antes… he mejorado… al menos ya no me detiene… poco a poquito… tú me entiendes, ¿no? jaja.

En fin, la realidad es que lograba mejorar mi técnica puesto que cantaba todo el tiempo, y en todo momento ponía atención de manera inconsciente a la forma en que mi aparato resonador reaccionaba ante cada nota que iba entonando… o desentonando (mil disculpas a mi vecino de enfrente). En otras palabras, estaba conociendo mi aparato resonador mientras cantaba e integraba de manera unísona lo que iba aprendiendo en cada clase, sólo que ahora en un espacio y tiempo en el cual me sentía libre de mis exigencias y protegido del entorno. Era mi tiempo conmigo, y la técnica, las clases o los pensamientos no tenían espacio ahí ¡era genial!

La música forma parte de los recuerdos más grandes de vida. Me ha permitido recordar a personas que ya no están conmigo, esto gracias a que tiendo a asociar canciones con personas, sitios y experiencias de vida (esta publicación la asocio con la canción I Still Haven’t Found What I’m Looking For de U2… no me pregunten la razón, sigue siendo un misterio para mí también, aunque seguro habrá una increíble razón detrás de ello).

Mi recomendación es que escuches este disco (¡y todos los de ellos!)

Algunos de mis primeros recuerdos sobre la música, se remontan a cuando solía ver con mis primos en casa de mi abuelita el canal de MTV (#VideoKilledTheRadioStar) y mirábamos programas como Los 10 Más Pedidos, Behind The Music, Making The Video; o cuando mis papás reproducían sus discos de Santana, U2, Phill Collins, ABBA y Neil Diamond en el estéreo del auto.

En serio, este álbum de Santana es magia

Gracias al gen melómano que llevo dentro, he logrado aprender sobre mí respondiendo las siguientes preguntas:

  • ¿Por qué mejoraba en las clases de canto? Porque nunca he dejado de cantar. Es curioso como algo que viene desde adentro de ti lo haces de manera inconsciente y recurrente gran parte de tu tiempo (y libre de exigencias).
  • ¿Por qué escribo esta publicación? Porque escuché recientemente la música de U2 en una película y me recordó estas anécdotas y sentí escribirlas y compartirlas aquí. Ah, ¡gracias por leerme!
  • ¿Cómo puedo combatir esas métricas poco realistas? ? Ahora sólo me basta con reproducir una canción que me permita recordar algo significativo sobre alguien o algo, y conseguiré la energía suficiente para poder continuar, todo se trata de hacerlo, hacerlo y seguir haciéndolo. Y sé que suena trillado, ¡pero en verdad funciona!
  • ¿Cuál es la mejor canción para escuchar? Cualquiera que me recuerde a mi abuelita.
  • ¿Cuál es una de las mejores formas de vivir a través del recuerdo? Asociándolo con música. Es verdad, mis amigos suelen darme carrilla cuando puedo decir el año exacto en el cual una canción fue lanzada. Mi secreto, es que recuerdo más con quien estaba o qué estaba haciendo ese momento cuando escuché la canción. ¿Dónde estaba esta estrategia cuando tuve que hacer un examen extraordinario sobre la historia de México? Bueno, en ese momento guardar un acordeón bajo el reloj fue la estrategia…. sí, pasé el examen (palmadita en la espalda).

Ahora quisiera regresarte el favor por leerme y me gustaría hacerte estas preguntas:

  • ¿Qué sueles hacer de manera recurrente y no te habías dado cuenta? ¿Qué piensas sobre ello?
  • ¿Qué está dentro de ti que te ha permitido mejorar?
  • ¿Cuál es tu canción favorita para recordar el mejor viaje de tu vida?
  • ¿Cuál es tu canción favorita para recordar a alguien que ya no está contigo? Al menos no, hasta que reproduzcas esa canción.
  • ¿Cuál canción describe mejor la etapa en la que te encuentras en este momento?
  • Si tuvieras la oportunidad de escribir tu propia canción, ¿cómo sería? La mía definitivamente sería entre una mezcla de M83, Sigur Rós y géneros latinos.

Suficiente de leerme, mejor escuchemos música…

Sigur Rós – Hoppípolla (Official Video) – YouTube

M83 – Lower Your Eyelids To Die With The Sun – YouTube

Santana – Smooth ft. Rob Thomas (Official Video) – YouTube