Necesito decirte esto…

Necesito decirte esto…

Pero no sé cómo decirlo, ¿te ha pasado? De esas ocaciones que lo tienes ahí pero no lo tienes a la vez. Es tan frustrante, como cuando te dicen:

«Tengo algo muy importante que decirte, pero te lo digo después. Nos vemos luego».

Muder fuquer, te digo a ti, quien hace eso. Pero te lo digo con cariño porque semanas después por fin me lo cuentas

O como cuando estás en la fila en un lugar de comida rápida, el menú está siendo visible sin importar tu ubicación en la fila, siempre lo logras ver gracias a la altura y a que tiene foquitos dentro de él que muestran con mayor «brillosidad» (conjugación de la palabra BRILLAR que acabo de inventar) todas las opciones de las cuales puedes elegir. Y cuando esa persona llega con el cajero, le surge de repente la idea:

Mmmm, de aquí se ve mejor. ¿Qué se me antoja ahora? Ahora que veo el menú justo arriba de mí, por alguna razón ya no sé qué ordenar. Es como verlo por primera vez… No había visto que el en el combo tres la lechuga va debajo del pan de ajonlolí. Qué chistoso, en el combo doce es pan con ajonjolí, jitomate, aro de cebolla, carne, queso, tocino, otra carne, otro aro de cebolla, la lechuga, pan. La nueve también se ve distinta… Ah, es la que no lleva pan. ¿Esos numeritos serán las calorías o el precio?

¿No te desespera eso? O cuando necesitas ir al baño. Has ido al cine, has comido palomitas y sin importar la cantidad de sodio que tienes en la sangre, las ganas de ir al baño a orinar son incontenibles. Llegas al baño, y coincide que justo el momento en que has elegido para ir es cuando ha finalizado de proyectarse una película en una sala cuyo cupo era de 180 personas. La película es la tercera parte de la secuela de la primera saga del segundo acto del spin off de Misión Imposible y sabes que el 80% del aforo eran hombres.

Llegas al baño, esperas en la fila para dirigirte a un mingitorio, pero te das cuenta que entre más cerca estás de él, más piensas:

«No me siento cómodo orinando entre tantas personas…. me tensa el pensar que hay alguien viéndome desde la fila esperando con ansías y con una vejiga llena, que yo desocupe pronto ese espacio para que él pueda pasar. Creo que me sentiría más cómodo pasar al baño que tiene escusado y una puerta. Creo que hubiera hecho mejor fila allá en lugar de ésta. Y si me cambio de fila, ¿no tardaré más en ella? La gente cuando se sienta tiende a tardar más en el baño que cuando lo hace parado. Igual puedo intentar orinar en en el mingitorio, al cabo siento la vejiga llena, orinaría aunque no quisiera».

Llegas al mingitorio, y ahora la presión te invade… No puedes orinar, el tiempo transcurre, notas como el hombre a tu lado también tarda en orinar. Te sientes aliviado de no ser el único.

«Oh, ya comenzó a orinar él, se escucha el chisguete. Lo corta. No, espera, ya está orinando. ¿Por qué tardo tanto? Me está viendo raro, si tan sólo él escuchara mi chisguete seguro él se sintiera más seguro de su chisguete. ¡Voy bien, ahí viene, ahí viene…! Dos gotas, no está mal, seguro ahorita viene el chisguete continuo. Espero que los de la fila escuchen mi chisguete. Espero no piensen que lo hago a propósito. Me lleva… ya vi que sí me están viendo. ¡A la #¡$%&, me voy a los escusados!».

Pero no sé cómo decírtelo, es tan difícil cuando tu cuerpo tiene las palabras pero tu boca no. Como cuando comes chile, sabes que estás enchilado, sabes que que estás más enchilado cuando el chile no tiene sabor, sólo hace que te arda la lengua. Tan sólo imaginas lo que será después de tu estómago pues has recordado que durante la mañana, comiste mucho queso porque «se estaba haciendo feo» y no querías que se hiciera más feo. Y la única solución para que no se haga feo, es comerte aquello que se ve feo para que no se siga viendo feo.

Así es la lógica, «cómete eso que se ve feo para que no se vea feo el queso». ¿Por qué esa es la única solución? ¿Por qué de repente me preocupan los cánones de belleza de un queso? ¿Por qué pienso que la única forma de solucionarlo es comiendo algo que se ve peligroso, dañino y que muy probablemente va a alterar el curso de mi día (s)?

Pero así es esto. Una impotencia por querer decirte esto tan importante, y por ello haré el esfuerzo de decírtelo. No un esfuerzo como cuando me como algo que luce sumamente feo, sino un esfuerzo que se asemeja a cuando ponen tu canción en el concierto de un cantante a quien admiras mucho… no sé, es como si Ricky Martin cantara Fuego de noche, nieve de día durante un concierto, es la cuarta vez que lo vas a ver en vivo, te sigue emocionando, sabes que es temporada de clima caluroso, usas el aire acondicionado y el ventilador todo el tiempo, tu voz empieza a hacerse ronca, toses más de lo normal, tienes una sensación arenosa en tu garganta y aún así usas todo tu esfuerzo por cantar «y mientras yo, me quedo sin tí, como un huracán, rabioso y febril. Tanta pasión, tanta osadía…».

Y no te importa, pues es esa canción en el concierto de Ricardo Martínez lo que estás viendo, lo que estás cantando junto con él.

Por eso, el esfuerzo es tan importante al momento de decirlo. Por eso es tan importante decírtelo como si estuviera sentado en el escusado del baño del cine, protegido por cuatro muros y fuera del alcance de las miradas de los otros… Por ello, es tan tan importante decírtelo de cerca, como si estuviera hasta adelante de la fila en un lugar de comida rápida y te tengo de frente a mí. Y por eso, creo que es importante lo que ya te he podio decir.

Decretándolo, creo que así se vería la portada del libro si escribiera algo inspirado en este post. Y el hashtag para hacerlo una tendencia digital sería #TeurEnElBaño