(MONÓLOGO INSPIRADO Y ENTRETEJIDO POR DIVERSOS CASOS REALES COLECTIVOS)
«Me siento sumamente triste. Tanto así que por un momento lo confundí con desesperación.
Es muy difícil ser visto. Las citas, bueno no sólo las citas, las nuevas personas que conozco, mis familiares y en muchas ocasiones amigos, sólo me ven como una pieza. Y la verdad siento que terminan por negar las demás en mí y hasta llega momentos en los que termino sintiéndome atado a ya sólo moverme y mostrarme, desde esa pieza, esa pieza a la que parece sólo están dispuestos a ver y a interactuar.
Intento eso de las citas, pero se ha vuelto peligroso hablar de mi profesión, de esa única pieza. Me pasa, más seguido de lo que me ha sido fácil admitir, que me roban. En cuanto saben lo que hago, me comparten de su historia, de su vida y en especial de sus conflictos. Me pasó, estaba sentado en una mesa durante la boda de mis amigos.
Me hablan de sus relaciones pasadas como advirtiéndome y al mismo tiempo, esperando a que lo entienda porque soy sólo esa pieza a la que fijaron su atención. Estaba en un restaurante horas después de haber llorado en mi casa porque necesitaba desesperadamente un abrazo.
Me buscan después del primer encuentro para decirme acerca de la paz que les transmití, acerca de la confianza que vivieron al haberme conocido. No saben que esa posible ecuanimidad que percibieron en mí, es porque vivo abierto. Esta pieza de mi vida, esta profesión, es sumamente difícil, proporcionalmente enriquecedora, pero profundamente dolorosa. Vivo abierto para conocer mis heridas, mapearlas, trabajarlas, tocarlas, permitir que otros entren a ellas sin alguna garantía acerca de si su entrada facilitará su cierre, o solamente la abrirán más e incluso hasta infectarla. Me pasó, la terapia no es garantía de cuidado, y de eso puedo hablar. ¿Ve éstas dos líneas razadas? Una fue con aquella mujer en sesión y la otra durante mi supervisión. En ambos lugares, fui retraumatizado por sus lenguas inquietas y por verme como una pieza.
Vivo abierto, porque soy mi instrumento de trabajo, vivo abierto porque esa es la única forma en la que habrá evolución en él. Por eso, vivo abierto. ¿No lo ven? ¡Vivo abierto! Vulnerable, cansado, deseoso y necesitado igual que todos. Pero sólo ven esa pieza.
¿Sabe? Me doy cuenta lo mucho que me quitan. Me roban. No creo que lo sepan ellos, y que lo hagan sería algo muy inusual, casi utópico. No lo saben, y no es su culpa… o no lo sé. Me cuesta mucho discernir, he sido una sola pieza desde hace mucho y por eso, mi lógica ya no ve más allá de lo que los demás sólo quieren ver sobre mí mismo. Me siento robado. Cuando ellos asumen sobre mí y ya no me preguntan, cuando asumen sobre lo que siento y ya no preguntan, cuando asumen lo que necesito y no preguntan. Cuando descargan intensamente sobre mí sin considerar acerca de lo que puedo tolerar o no, sobre lo que me gustaría escuchar o no… me roban la oportunidad de elegir, de hablar, de que me conozcan. Ya no preguntan sobre mí, sólo asumen.
Me siento… me roban. Me roban cuando me idealizan, cuando la pieza desde la que quieren seguirme tratando la usan para completar lo que imaginan que soy, no quien soy. Lo digo así porque esa pieza es una conducta, una conducta desde la que me relaciono en ese preciso espacio, pero no es mi identidad, es una conducta.
Tal vez represente sólo una pequeña parte de mi totalidad, sigo siendo yo al final de cuentas. Jamás miento sobre mi conducta ni sobre cómo me presento. Es parte de mí, genuinamente, pero no soy sólo una conducta. Me roban la oportunidad de también ser abrazado y consolado porque idealizan que tengo todo arreglado… pero estoy abierto, y aún así llegan conmigo arrojando sus historias sin pedirme permiso, sin preguntarme o considerarme. Me lastiman.
Y sí, he aprendido a caminar y abrazar a pesar de “estar abierto”, esa es la diferencia. He aprendido a tolerarlo, a moverme así sin desangrarme o en verdad desgarrame, pero ¿qué pasa cuando ellos corren hacia mí y de inmediato empiezan a llenar mi hueco con lo suyo? Me lastiman, me roban la ausencia del dolor.
No saben que tuve que trabajar el propio abuso sexual que viví de niño, a la par mientras acompañaba a personas que lo habían vivido. Recuerdo decirle a usted en sesiones, que desearía haber podido trabajar esto a otro ritmo. Fue inexplicablemente doloroso tener que haberlo vivido así. Lo hice, porque deseaba dar lo mejor de mí a ellos. Hacerlo, fue mi decisión y mi responsabilidad, pero no puedo correr con la misma suerte allá afuera, en lo social.
Me roban tanto. Me roban la oportunidad de también ser escuchado, de también ser abrazado, saber lo que es ser contenido por alguien. Me quitan la oportunidad de saber lo que es ser correspondido, de vivir en carne propia lo que es la reciprocidad, la complicidad. Me duele tanto que no sientan curiosidad por conocerme y asuman que ya lo saben todo. Me duele que no preguntan por mí y que al mostrarles que vivo abierto, sean indiferentes y continúen hablando sobre ellos mismos.
Me duele tanto lo que roban, me duele tanto que hoy por un momento sentí miedo por hablar con alguien. ¿A usted le pasa? ¿Es normal? ¿Cree que exagero? Siento que lo hago, que soy demasiado.
No sé… Estoy cansado, me siento triste. Hoy más que nunca quisiera saber lo que es que te regalen un abrazo. Ayer en la cama me acosté entre dos almohadas mientras dormía de lado, ¿qué le dice eso? No sé qué más decir, sé que no cierro nada, sé que vivir abierto conlleva una angustia en muchas ocasiones sobre no saber ahora cómo cerrarse uno. ¿Por qué no saben de esto ellos? ¿Por qué no les da curiosidad? No soy un ejemplo, no quiero serlo, no lo soy… sólo quiero saber, de verdad sólo quiero conocer lo que es estar acostado de lado mientras alguien te abraza. Sólo eso. Saber que ahí, en ese momento, puedo bajar la guardia, pueda recargar esas energías, puedo hacer nada, sólo estar ahí.
Yo sé que es mi responsabilidad continuar, pero sepa que ese abrazo me ayudaría a por un momento, aunque sea de verdad un momento, poder descansar sabiendo que ese acto me permitirá continuar. En cambio, he tenido que ingeniármelas para seguir sin ese descanso. Pero sepa que no dejo de llorar cuando me acuesto, porque no sabe lo mucho que necesito ese abrazo. Ya vendrá, ¿verdad?
Ninguna herida abierta me ha costado más de lo que puedo tolerar, pero… a veces puedo sentirme muerto en vida. No siempre, pero hoy, hoy de verdad un abrazo me recordaría la vida entera».
– Jonah.
