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Enrollando cables…

Recuerdo cuando estaba próximo a graduarme de la universidad, arribaban ideas a mi mente sobre qué sería de mí después de la universidad; la incertidumbre de si yo podría ser suficiente o no con el paquete de responsabilidades que se venían, cumplían su objetivo de privarme del sueño; y la preguntas «¿qué pasaría si mi trabajo no me gusta?», «¿y si cuando salga me doy cuenta de que no soy suficiente?» las sentía dentro de mi estómago como una despiadada gastritis.
Creo que estos pensamientos y sensaciones ocupan sólo un pequeño porcentaje dentro de la enorme cantidad de angustias y psicosomatizaciones que acompañan a cualquier futuro graduado. Sin embargo, durante la universidad fui afortunado de entrelazar grandes relaciones con varios de mis maestros (tres de ellos me dieron trabajo y uno de ellos consoló parte de mi angustia gracias a unas cuantas palabras que dirigiría después hacia mí).
Asimismo, semanas antes de egresar de la universidad, recibiría una de las noticias más difíciles, la calidad de vida de mi abuelita esta poco a poco decreciendo y la despedida sería inminente. Pero esta entrada no trata sobre mi abuelita, sino sobre aquél verano del 2014 previo a titularme (aunque claro, saber que mi abuelita no estaría conmigo en esta nueva fase tan diferente, definitivamente no ayudaba).
Considero que mi vida se ha vista envuelta dentro de una pequeña gran coincidencia; pareciera que cuando se trata de tomar una decisión importante o me encuentro próximo a iniciar una historia de mi vida completamente nueva, llegan personas que la han hecho más tranquila esta transición. Y de hecho, ese verano del 2014 no fue excepción, mi maestro, había reaparecido (habían pasado casi tres años desde que había sido su alumno).
Recuerdo que iba a bajando por las escaleras de la universidad, cuando me topé con él, un productor musical quien disfrutaba vestir sandalias, ropa holgada y usar el cabello largo acompañado de su barba. Era difícil pasar desapercibido dado que gran parte del cuerpo docente en la universidad, solían vestir de traje con corbata, pantalón de sastre y camisas con colores fríos y libres de estampados. Y fue gracias a este recorrido bajando por las escaleras, que cambiaría mi vida (¿muy dramático? quizás, sin embargo mi visión sí cambio sobre muchas cosas, pero más sobre ello después).
Mi maestro, había sido de mis primeros docentes durante la carrera; de hecho, cuando estaba en tercer semestre fui su alumno por primera y única vez en la materia de Lenguajes Sonoros (¡cómo me emocionaba esta materia!). Ahí, aprendimos a diferenciar la calidad del sonido en reproductores mp3, grabadoras, computadoras , celulares y demás; también, nos enseñó sobre producción musical y cómo los grandes productores mezclaban todos los instrumentos y pistas para después crear piezas musicales. Estaba en la tierra prometida.
No obstante, por alguna extraña razón mi maestro traía consigo una reputación poco favorable al considerársele alguien que solía reprobar a los alumnos debido a exigencias y tratos bastantes estrictos (no hace falta decir que esta reputación distaba lejos de la realidad).
Algunos de los comentarios que solíamos escuchar de los compañeros en semestres más arriba que nosotros, eran acerca de su exigencia e incomprensión hacia los alumnos (así de vagas eran los comentarios); la disciplina dentro del salón de clases era demasiada estricta (¿es en serio? ¿quejándose sobre un maestro que debe mantener la disciplina dentro de un salón de clases? En primer lugar, ¿qué hace que un maestro deba resguardar la disciplina en su salón? ¡la indisciplina del salón!); y la más recurrente entre los alumnos de comunicación… «te hace enrollar cables para el examen final y te reprueba si no sabes cómo hacerlo».
Así es, y debo ser sincero, este último comentario sí sucedía, pero la verdad es que !era muy importante saber esto! De lo contrario, podías dañar el equipo y como resultado, un cable mal enrollado = un cable dañado = un cable peligroso para los fines de la producción = riesgo de cometer errores técnicos = despedido (además los cables son caros, y estar invirtiendo en comprar cables porque no sabes enrrollarlos ¿y con esta economía…?.
Este es un breve video sobre cómo enrollar cables correctamente
(ahora imagínate haciéndolo en un salón de clases)Pero fue gracias al tiempo que estuve en el salón y en la cabina de producción con mi maestro (sí, también enrollando cables… ahora mis cargadores y audífonos viven más ¿quién ríe ahora? muajaja), que aprendí un nuevo enfoque acerca de la importancia de los detalles. Es aquí donde debo describir a mi maestro como una especie de Jedi, puesto que sus enseñanzas dentro de la clase, las podrías aplicar perfectamente afuera.
Si alguien le preguntara sobre su filosofía de la vida, no dudaría en que citara una rescatada de Rafikki (el gorila, chango, chimpancé… pariente lejano de los humanos y personaje del Rey León). Mi maestro era toda una inspiración del «vive y deja vivir» (sé que no es de esa película, pero imaginemos sólo por esta vez que Raffiki lo dijo a Simba mientras ambos hacían pinturas rupestres en el árbol).
De hecho, esta filosofía que acompañaba a mi maestro fue más significativa, en el momento en que bajábamos juntos las escaleras durante mis últimas semanas universitarias… Nos miramos, intercambiamos un saludo y después me preguntó algo relacionado sobre cómo me sentía de finalizar la licenciatura. Volteé hacia él y le respondí que me encontraba preocupado, pensaba sobre la angustia que sentiría de equivocarme de trabajo… «y si no me gusta mi trabajo».
Y ¡bum! (creo que está onomatopeya es más congruente con el sonido de una explosión, ¿cuál es la onomatopeya que surge cuando te cae el veinte?) es el momento en el que recibo una de las respuestas más convincentes, cortas, ¿creo sarcásticas? y llenas de sabiduría…
«Pues renuncias».
Mi maestro«¡¿Así de sencillo crees que es?!». Pensé dentro de mí, «¿no sabes lo que se espera de mí?», pensé dentro de mí con un tono aún más dramático. Pero después de unos segundos, logré notar un detalle, mi maestro sonreía ligeramente hacia la izquierda, y fue ahí cuando las palabras que escuché de él tornaron un significado diferente ¡gracias maestro, por los detalles!
Verás, cuando una persona te dice algo pero sólo te centras en las palabras y omites la intención de la voz o siquiera su lenguaje corporal, las palabras corren el riesgo de ser interpretadas por tus propios pensamientos, emociones y sentimientos…. Yo me sentía preocupado, ansioso y estresado («¿has estado bajo estrés últimamente?» -Mi gastroenterólogo), además sólo pensaba en los errores que aún no había cometido, pero al ver su rostro, las palabras que me dijo ahora las escuchaba de esta manera:
Tranquilonches, no pasa nada. ¡Tienes 22 años! ¡TIENES 22 AÑOS! Yo me me he equivocado también y ¡ve! Vivo en una las mejores zonas de la ciudad, viajo por el mundo trabajando con grandes artistas y aún así tengo tiempo para bajar sin prisa por las escaleras de la universidad.
Si sabes que algo no es para ti y aún así permaneces ahí, entonces sí habrás cometido un error.
Palabras de mi maestro interpretadas por mi histriónico cerebroTodo está en los detalles…
De hecho, ahora en mi labor como psicoterapeuta, fijarme en los detalles es lo que hace la diferencia entre escuchar a alguien y acompañar verdaderamente a alguien. Pues la psicoterapia, consiste justamente en que la persona que te visita pueda «desenrollar sus propios cables».
Esta fue una de las primeras canciones que analizamos en clase y que ha permanecido hasta ahora, como una de mis favoritas para recordar mi tiempo en la universidad -
Los éxitos del momento

Desde los 9 años de edad aproximadamente, he estado de alguna u otra manera estudiando música. Sin embargo, cuando me fui a vivir a Guadalajara durante la universidad, decidí retomar mis estudios en la música.
Recuerdo durante cada sesión mi maestra solía preguntarme «¿practicaste en la semana?», lo cual me traería inmediatamente angustia y preocupación por responder. Me sentía presionado e imaginaba que tenía el compromiso hacia mi maestra de avanzar más de lo que debía y de ser un alumno de quien ella podría hablar. No hace falta decir que ambas creencias eran mías y completamente mías.
Sin embargo, la pregunta de mi maestra era impulsada por una realidad diferente a la que yo creía; ella solía hacerme esta pregunta dado que observaba que en efecto iba avanzando en mi técnica.
Fueron esos momentos en los cuales comencé a pausar durante un momento y a reflexionar sobre la razón por la cual iba mejorando si dedicaba «poco tiempo» a ensayar (a este punto, podrás imaginarte la métrica poco realista en la que me basaba para medir si ensayaba poco o mucho).
Dentro de esos espacios de reflexión, lo que encontré al fragmentar aquellos pensamientos fue lo siguiente…
Tenía la falsa noción que ensayar era el resultado de dedicar una hora mínimo al día para practicar y que tanto el horario como el día eran inamovibles. Tal vez en este momento pienses «¿esa es una métrica poco realista? ¡No lo creo, Néstor!». Pero no era tanto los 60 minutos que debía designar a practicar lo que me hacía sentir de esa manera, sino que era el resultado que me exigía dentro de esa hora. De alguna manera, parecía que no tenía lugar en esos minutos de equivocarme, de retroceder, de olvidar o siquiera pensar que estaba haciendo algo bien. Qué pesado….
Era mucha la presión que ponía sobre mí, y afortunadamente escribo ahora en pasado este párrafo… bueno, a veces… menos que antes… he mejorado… al menos ya no me detiene… poco a poquito… tú me entiendes, ¿no? jaja.
En fin, la realidad es que lograba mejorar mi técnica puesto que cantaba todo el tiempo, y en todo momento ponía atención de manera inconsciente a la forma en que mi aparato resonador reaccionaba ante cada nota que iba entonando… o desentonando (mil disculpas a mi vecino de enfrente). En otras palabras, estaba conociendo mi aparato resonador mientras cantaba e integraba de manera unísona lo que iba aprendiendo en cada clase, sólo que ahora en un espacio y tiempo en el cual me sentía libre de mis exigencias y protegido del entorno. Era mi tiempo conmigo, y la técnica, las clases o los pensamientos no tenían espacio ahí ¡era genial!
La música forma parte de los recuerdos más grandes de vida. Me ha permitido recordar a personas que ya no están conmigo, esto gracias a que tiendo a asociar canciones con personas, sitios y experiencias de vida (esta publicación la asocio con la canción I Still Haven’t Found What I’m Looking For de U2… no me pregunten la razón, sigue siendo un misterio para mí también, aunque seguro habrá una increíble razón detrás de ello).

Mi recomendación es que escuches este disco (¡y todos los de ellos!) Algunos de mis primeros recuerdos sobre la música, se remontan a cuando solía ver con mis primos en casa de mi abuelita el canal de MTV (#VideoKilledTheRadioStar) y mirábamos programas como Los 10 Más Pedidos, Behind The Music, Making The Video; o cuando mis papás reproducían sus discos de Santana, U2, Phill Collins, ABBA y Neil Diamond en el estéreo del auto.

En serio, este álbum de Santana es magia Gracias al gen melómano que llevo dentro, he logrado aprender sobre mí respondiendo las siguientes preguntas:
- ¿Por qué mejoraba en las clases de canto? Porque nunca he dejado de cantar. Es curioso como algo que viene desde adentro de ti lo haces de manera inconsciente y recurrente gran parte de tu tiempo (y libre de exigencias).
- ¿Por qué escribo esta publicación? Porque escuché recientemente la música de U2 en una película y me recordó estas anécdotas y sentí escribirlas y compartirlas aquí. Ah, ¡gracias por leerme!
- ¿Cómo puedo combatir esas métricas poco realistas? ? Ahora sólo me basta con reproducir una canción que me permita recordar algo significativo sobre alguien o algo, y conseguiré la energía suficiente para poder continuar, todo se trata de hacerlo, hacerlo y seguir haciéndolo. Y sé que suena trillado, ¡pero en verdad funciona!
- ¿Cuál es la mejor canción para escuchar? Cualquiera que me recuerde a mi abuelita.
- ¿Cuál es una de las mejores formas de vivir a través del recuerdo? Asociándolo con música. Es verdad, mis amigos suelen darme carrilla cuando puedo decir el año exacto en el cual una canción fue lanzada. Mi secreto, es que recuerdo más con quien estaba o qué estaba haciendo ese momento cuando escuché la canción. ¿Dónde estaba esta estrategia cuando tuve que hacer un examen extraordinario sobre la historia de México? Bueno, en ese momento guardar un acordeón bajo el reloj fue la estrategia…. sí, pasé el examen (palmadita en la espalda).
Ahora quisiera regresarte el favor por leerme y me gustaría hacerte estas preguntas:
- ¿Qué sueles hacer de manera recurrente y no te habías dado cuenta? ¿Qué piensas sobre ello?
- ¿Qué está dentro de ti que te ha permitido mejorar?
- ¿Cuál es tu canción favorita para recordar el mejor viaje de tu vida?
- ¿Cuál es tu canción favorita para recordar a alguien que ya no está contigo? Al menos no, hasta que reproduzcas esa canción.
- ¿Cuál canción describe mejor la etapa en la que te encuentras en este momento?
- Si tuvieras la oportunidad de escribir tu propia canción, ¿cómo sería? La mía definitivamente sería entre una mezcla de M83, Sigur Rós y géneros latinos.
Suficiente de leerme, mejor escuchemos música…
Sigur Rós – Hoppípolla (Official Video) – YouTube
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«Un descansito…»


«Hola, mi nombres es Teur y vivo con sobrexigencias».
Este es el momento en el cual alguien me responde «Hola Néstor, aquí es Padrón y Licencias, el grupo que buscas es en la siguiente sala a la izquierda».
Lo cierto es que estas reuniones de autoayuda imaginarias me han sido de gran apoyo, y no sólo porque sesionamos el mejor día de la semana (miércoles a las 6:3pm… en punto… obviamente), sino porque parece que la edad de los 30’s están manifestando sus efectos… simplemente me es muy cansado seguir peleando por que algo resulte perfecto desde una métrica imaginaria, y si continuo eligiendo permanecer en aquella batalla, tendré que comprar vitaminas para seguir el ritmo y sinceramente no deseo adentrarme en otra riña, tragar píldoras y pastillas de un tamaño pasivo-agresivo por mi garganta.
Es por ello que he optado por seguir y practicar los mandatos de los 30’s:
- No pelearás por un 100 cuando te hayan puesto de calificación un 99.3… al menos no mientras sigas llegando a clases vistiendo crocs.
- Cuando tus pensamientos te inciten a sobreexigirte, te repetirás el siguiente mantra «todo estará bien. Al cabo, después podré pelearle al maestro».
- El resultado no es importante, lo importante es disfrutar del proceso, y más si durante el proceso te encuentras usando un par de crocs.
- Cuando sientas que la frustración y la angustia te invaden, escucharás la canción Tubthumping de Chumbawamba.
Si algún día te encuentras rodeado por pensamientos que te inclinan a sobreexigirte, recuerda esta visión de vida de mi amigo el diseñador:
Vivir con sobreexigencias, es como colorear con crayolas comestibles mientras te encuentras en el sexto día de tu dieta intermitente, y tu meta es llegar al décimo día con el dibujo completamente coloreado y 3 kilos menos. ¡Suerte!
I.D.N.
Con cariño para mis crocs, gracias por estar (debajo de mis pies). -
«¡A ambos nos gusta la música de los 90’s!»

Desde hace algunos años, casi seis para ser exactos, comencé a bajar mis pensamientos a través de imágenes. Es decir, cuando un pensamiento arribaba a mi mente, solía diseñar una imagen o escribir lo que me permitiera construir una huella visual sobre aquello que me era significativo en algún momento de mi vida. Ahora, me me doy cuenta de que aquellas imágenes se han convertido en una bitácora personal.
Antes de mi continuar, quisiera expresar que mi ojo crítico no me permite identificarme como diseñador; sin embargo mi ojo creativo le avisa a mi ojo crítico “eso no es importante”.
Esta es mi bitácora, o para ser preciso, la de mi inconsciente y consciente; algunos lo definirían como un trabajo en equipo de mi aparato psíquico; yo sin embargo, lo vislumbro como un partido de dobles en tennis, en el cual uno depende del otro para seguir con el juego. Al final de cada partido, no suelen ganarlo, lo cual no es inherente puesto que ambos jugadores han reconocido que lo más importante es la interacción que se vive dentro de la cancha. Dicho de otra forma, el resultado que surgiera a través de una nueva publicación en este sitio no valdría nada, si el proceso (lo más importante) no conllevara la interacción y sinergia de cada una de las partes que me conforman, mi inconsciente y consciente.
Expresado ello, aquí me doy la oportunidad de bajar y plasmar todo aquello que me es importante y sobre lo que suelo preguntarme, y así tal vez, y digo solo tal vez, pueda este diario evolucionar y convertirse en un reflejo sobre alguna parte de tu historia de vida que resuene con la mía. De conseguirlo, habremos dado una posible respuesta a la incógnita “¿en realidad habrá alguien en este mundo que pueda comprenderme?” o de no ser esa la situación, al menos habremos agregado una respuesta a la otra incógnita “¿en realidad vine a este mundo a leer a Néstor?”.
Sea cual sea la razón, henos aquí. Tú, posiblemente una persona que se disponía a navegar entre la internet buscando memes, videos musicales de los 90’s y podcast sobre finanzas personales que te ayuden durante la cuesta de enero; y yo, una persona que se proponía a buscar memes, videos musicales de los 90’s y podcast escribiendo en la barra de búsqueda “ventajas de escribir un blog durante la cuesta de enero” y ha concluido creando este sitio.
Aquí estamos, y por ello te doy la bienvenida a lo que promete convertirse (en el futuro) en un libro, o en una tesina personal… sólo el tiempo y las horas de sillón lo dirán.
¡Bienvenido!
PD: este espacio es libre de anuncios publicitarios, sin embargo te invito a escuchar música de los 90’s mientras navegas por aquí. ¿También te gusta la música de los 90’s? #EmoticónChocandoLosNudillos



