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TRAZOS Y CONTORNOS


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DOLOR OCULTO, DOLOR OLVIDADO


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BIEN INTENCIONADO

Hace dos semanas, terminé, al fin, después de tres años, todos los créditos académicos del doctorado que he estado cursando. Ahora queda sumar el resto de mí a terminar la tesis que tan contento (y un poco cansado) me tiene y la cual soy muy afortunado de hacerla al lado de una querida y brillante colega.
Nuestra tesis doctoral, en la que hemos trabajado ya desde hace más de un año y la cual esperamos, si continuamos siendo bondadosos con el tiempo y con todo aquello que requiere trabajarla, podamos defenderla a finales del 2026.
Esta investigación lleva por título y como ya es común en las tesis, un nombre muy pomposo, pero bueno, intentamos adaptarnos y seguir con la corriente… y sinceramente hasta divertido se ha vuelto la experiencia. La nombramos:
EL TATUAJE DE MEDUSA: UN DIÁLOGO ENTRE PSICOANÁLISIS, LAS NEUROCIENCIAS Y LA PSICOCORPORALIDAD PARA EL ABORDAJE DEL TRAUMA POR ABUSO SEXUAL
Eli (mi colega en este camino) y tanto como yo, coincidimos desde un inicio en que ambos éramos guiados por un deseo de aportar algo a la comprensión y el tratamiento del fenómeno del trauma. Desde mi experiencia personal, y sé que como muchos autores expertos en el tema, este camino también ha sido proporcionalmente espiritual y esperanzador.
En el trabajo ya recorrido de esta investigación, siempre ha estado permeada la esperanza y por supuesto, una inesperada resignificación de mi propia relación con el trauma.
Más adelante me encantará hablar más de nuestro trabajo y compartir todos aquellos hallazgos y recursos que hemos sido tan afortunados de desarrollar y aprender, para que así este esfuerzo sea universal, tanto suyo, como nuestro.
Pero este tema es en realidad un contexto para dar el brinco a lo que realmente trata este borrador. No sé si alguien más tenga un hábito que claramente hacen con frecuencia y que además disfrutan enormemente. Para mí, es el canto. Suelo cantar casi todo el tiempo… a veces más afinado que otros días, algunas ocasiones con mayor conexión emocional, y otros momentos, en los que canto con mayor o menor reflujo (esos Fritos, deliciosos los condenados).
El canto, naturalmente es como un músculo, necesitamos trabajar y sensibilizarnos ante nuestro aparato resonador, ejercitar nuestro diafragma, cuidar de nuestra garganta, respirar correctamente usando la nariz o con técnica especial, la boca… evitar que el ventilador nos dé a la cara, eludir los lácteos dado que generan flemas, cuidarnos de los cambios repentinos de temperatura, prescindir del cante jondo si claramente uno sigue cantando «pujadito» (referencia de varios de mis maestros) y otras medidas de cuidado y ejercitamiento (sé que estoy conjugando horriblemente la palabra «ejercitar», pero seguro si la cantamos pujadito ha de escucharse bonito… ¿no?).
Me di cuenta que el doctorado y sus responsabilidades estaban haciendo de las suyas, me habían absorbido (ya pueden entender por qué me compraba mis suculentos Fritos para comerlos entre clase). Tenía ya meses que no cantaba, y esa manía de cantar todo el tiempo suele ser también para mí una guía de que hay equilibrio en mi experiencia, o un aviso de cuando éste se ha visto comprometido (en realidad esta última idea la iba a escribir así: «el equilibrio pos se rompió». La verdad, es que después de escribir tantos trabajos académicos y avances de tesis me hace corto circuito que aquí sí puedo escribir más relajao, como referirían mis parceros colombianos. Mi dispiace… oh, también he visto muchas series en italiano… Ya sé cómo pedir mis fritos en italiano: Mi dai quattro sacchetti di fritto flamin’ hot solo per me).
Debido a ello, lo primero que hice al terminar con la última materia, fue dirigirme al cuarto y cantar… con harto reflujo… esos Friros (léase con pasión).
Hace unos años escribí un pensamiento que grabé a manera de canción. La nota en la frase final es algo floja, pero deseaba mantenerle ese toque noventero más sin perder el estilo latino sabrosón del gran Emilio Estefan (mi dispiace Emilio, avevo il reflusso e avevo tanta voglia di cantare).
El resultado es esta grabación que comparto aquí debajo, sobre un diálogo interno que escribí en honor a un gran ser querido. Se llama Bien Intencionada.
Así de escueta será está publicación, tanto meollo para simplemente animarme a compartir algo en donde canto. ¿Ya ven cómo sí sirve a veces rodear situaciones para llegar a donde se quiere? (Just Do It… oh, también he estado buscando unos tennis nuevos en Nike… ¿Saben si siguen vendiendo modelos con el diseño de Space Jam?).
Gracias por leer y escuchar el exitazo de un minuto
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MÁS DOS POR DOS


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Un abrazo, la vida entera

(MONÓLOGO INSPIRADO Y ENTRETEJIDO POR DIVERSOS CASOS REALES COLECTIVOS)
«Me siento sumamente triste. Tanto así que por un momento lo confundí con desesperación.
Es muy difícil ser visto. Las citas, bueno no sólo las citas, las nuevas personas que conozco, mis familiares y en muchas ocasiones amigos, sólo me ven como una pieza. Y la verdad siento que terminan por negar las demás en mí y hasta llega momentos en los que termino sintiéndome atado a ya sólo moverme y mostrarme, desde esa pieza, esa pieza a la que parece sólo están dispuestos a ver y a interactuar.
Intento eso de las citas, pero se ha vuelto peligroso hablar de mi profesión, de esa única pieza. Me pasa, más seguido de lo que me ha sido fácil admitir, que me roban. En cuanto saben lo que hago, me comparten de su historia, de su vida y en especial de sus conflictos. Me pasó, estaba sentado en una mesa durante la boda de mis amigos.
Me hablan de sus relaciones pasadas como advirtiéndome y al mismo tiempo, esperando a que lo entienda porque soy sólo esa pieza a la que fijaron su atención. Estaba en un restaurante horas después de haber llorado en mi casa porque necesitaba desesperadamente un abrazo.
Me buscan después del primer encuentro para decirme acerca de la paz que les transmití, acerca de la confianza que vivieron al haberme conocido. No saben que esa posible ecuanimidad que percibieron en mí, es porque vivo abierto. Esta pieza de mi vida, esta profesión, es sumamente difícil, proporcionalmente enriquecedora, pero profundamente dolorosa. Vivo abierto para conocer mis heridas, mapearlas, trabajarlas, tocarlas, permitir que otros entren a ellas sin alguna garantía acerca de si su entrada facilitará su cierre, o solamente la abrirán más e incluso hasta infectarla. Me pasó, la terapia no es garantía de cuidado, y de eso puedo hablar. ¿Ve éstas dos líneas razadas? Una fue con aquella mujer en sesión y la otra durante mi supervisión. En ambos lugares, fui retraumatizado por sus lenguas inquietas y por verme como una pieza.
Vivo abierto, porque soy mi instrumento de trabajo, vivo abierto porque esa es la única forma en la que habrá evolución en él. Por eso, vivo abierto. ¿No lo ven? ¡Vivo abierto! Vulnerable, cansado, deseoso y necesitado igual que todos. Pero sólo ven esa pieza.
¿Sabe? Me doy cuenta lo mucho que me quitan. Me roban. No creo que lo sepan ellos, y que lo hagan sería algo muy inusual, casi utópico. No lo saben, y no es su culpa… o no lo sé. Me cuesta mucho discernir, he sido una sola pieza desde hace mucho y por eso, mi lógica ya no ve más allá de lo que los demás sólo quieren ver sobre mí mismo. Me siento robado. Cuando ellos asumen sobre mí y ya no me preguntan, cuando asumen sobre lo que siento y ya no preguntan, cuando asumen lo que necesito y no preguntan. Cuando descargan intensamente sobre mí sin considerar acerca de lo que puedo tolerar o no, sobre lo que me gustaría escuchar o no… me roban la oportunidad de elegir, de hablar, de que me conozcan. Ya no preguntan sobre mí, sólo asumen.
Me siento… me roban. Me roban cuando me idealizan, cuando la pieza desde la que quieren seguirme tratando la usan para completar lo que imaginan que soy, no quien soy. Lo digo así porque esa pieza es una conducta, una conducta desde la que me relaciono en ese preciso espacio, pero no es mi identidad, es una conducta.
Tal vez represente sólo una pequeña parte de mi totalidad, sigo siendo yo al final de cuentas. Jamás miento sobre mi conducta ni sobre cómo me presento. Es parte de mí, genuinamente, pero no soy sólo una conducta. Me roban la oportunidad de también ser abrazado y consolado porque idealizan que tengo todo arreglado… pero estoy abierto, y aún así llegan conmigo arrojando sus historias sin pedirme permiso, sin preguntarme o considerarme. Me lastiman.
Y sí, he aprendido a caminar y abrazar a pesar de “estar abierto”, esa es la diferencia. He aprendido a tolerarlo, a moverme así sin desangrarme o en verdad desgarrame, pero ¿qué pasa cuando ellos corren hacia mí y de inmediato empiezan a llenar mi hueco con lo suyo? Me lastiman, me roban la ausencia del dolor.
No saben que tuve que trabajar el propio abuso sexual que viví de niño, a la par mientras acompañaba a personas que lo habían vivido. Recuerdo decirle a usted en sesiones, que desearía haber podido trabajar esto a otro ritmo. Fue inexplicablemente doloroso tener que haberlo vivido así. Lo hice, porque deseaba dar lo mejor de mí a ellos. Hacerlo, fue mi decisión y mi responsabilidad, pero no puedo correr con la misma suerte allá afuera, en lo social.
Me roban tanto. Me roban la oportunidad de también ser escuchado, de también ser abrazado, saber lo que es ser contenido por alguien. Me quitan la oportunidad de saber lo que es ser correspondido, de vivir en carne propia lo que es la reciprocidad, la complicidad. Me duele tanto que no sientan curiosidad por conocerme y asuman que ya lo saben todo. Me duele que no preguntan por mí y que al mostrarles que vivo abierto, sean indiferentes y continúen hablando sobre ellos mismos.
Me duele tanto lo que roban, me duele tanto que hoy por un momento sentí miedo por hablar con alguien. ¿A usted le pasa? ¿Es normal? ¿Cree que exagero? Siento que lo hago, que soy demasiado.
No sé… Estoy cansado, me siento triste. Hoy más que nunca quisiera saber lo que es que te regalen un abrazo. Ayer en la cama me acosté entre dos almohadas mientras dormía de lado, ¿qué le dice eso? No sé qué más decir, sé que no cierro nada, sé que vivir abierto conlleva una angustia en muchas ocasiones sobre no saber ahora cómo cerrarse uno. ¿Por qué no saben de esto ellos? ¿Por qué no les da curiosidad? No soy un ejemplo, no quiero serlo, no lo soy… sólo quiero saber, de verdad sólo quiero conocer lo que es estar acostado de lado mientras alguien te abraza. Sólo eso. Saber que ahí, en ese momento, puedo bajar la guardia, pueda recargar esas energías, puedo hacer nada, sólo estar ahí.
Yo sé que es mi responsabilidad continuar, pero sepa que ese abrazo me ayudaría a por un momento, aunque sea de verdad un momento, poder descansar sabiendo que ese acto me permitirá continuar. En cambio, he tenido que ingeniármelas para seguir sin ese descanso. Pero sepa que no dejo de llorar cuando me acuesto, porque no sabe lo mucho que necesito ese abrazo. Ya vendrá, ¿verdad?
Ninguna herida abierta me ha costado más de lo que puedo tolerar, pero… a veces puedo sentirme muerto en vida. No siempre, pero hoy, hoy de verdad un abrazo me recordaría la vida entera».
– Jonah.
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ERES BIEN A-MABLE

No todo empieza así…
Muy dramática la primera oración. Lo escribo así porque en realidad siento una profunda vergüenza, esas que no sólo son incómodas, sino que además sientes que algo en tu cuerpo se frunce…mucho… todo el aparato digestivo… sí, de principio hasta el fin… TODO.
Pero también le acompaña una inmediata risa incómoda, y es ella quien me anima y me hace tolerable entrarle al recuerdo, a la experiencia.
¿Te ha pasado que hay algo con lo cual te sientes cómodo haciendo y continuas con ello hasta que sientes que es algo en lo que puedes fluir fácilmente? Mientras escribía la pregunta, estuve muy tentado a terminarla así: ¿Te ha pasado que hay algo con lo cual te sientes cómodo haciendo y continuas con ello hasta que sientes que es algo en lo que tal vez pudieras desarrollarte?
La corregí, porque las frases «tal vez» y «pudieras» venían desde un miedo incómodo de admitir algo hacia mí mismo. Condenada vergüenza eres bien canija… Paréntesis, en México hay estados donde usamos la muletilla del «bien» para hablar. De hecho lo usamos también como un oxímoron. Aquí un ejemplo de ello: un alguien pregunta -¿Cómo estás?-. Un alguien más responde -bien mal-. El «bien mal», son palabras opuestas, pero con gran sentido para muchos latinos y aprecio mucho esta forma tan peculiar que tenemos para hablar.
Otros ejemplos que puedo dar sobre nuestra muletilla del «bien» son: «eres bien alto», «eres bien creativa», «es bien mucho». Este último es de mis favoritos, mi mamá me reclama cuando me escucha decirlo, pero sólo pudiera responderle -eres bien atenta-.
Cierro el paréntesis y recupero la idea del por qué corregí la pregunta, y esto se debe a que formo parte del comité en el Club de los Exigentes. Ya nos calmamos un poco, antes éramos del Club de los Sobreexigentes. Continúo trabajando mucho en ello, y cada vez más voy reduciendo mi participación en el séquito.
He aprendido a jugar con los permisos (me doy permiso de ser bien tranquilo) y me he revelado mucho a aquellos pensamientos. También tiene lo suyo, como todo, el síntoma siempre nos hablará de una adaptación. De alguna manera, si le nombrara a la autoexigencia uno de «mis síntomas», ahora es algo que he ubicado, sé qué pudo haberla desarrollado, en cuáles etapas de mi vida fue nutrida o reforzada y también su valor. Me ha ayudado a prepararme, me ayudó con mi etapa de corredor (ahora estoy retirado de las carreras y prefiero caminar… me hice bien relajado), me ha ayudado en el camino de mi profesión como psicoterapeuta, ahora en esta nueva faceta como investigador y muy muy seguramente, en otros momentos más.
Sigue ahí la exigencia, es bien aferrada, pero la escucho. Pero no deseo escribir sobre lo «bueno» que me he hecho en navegar entre la autoexigencia (tal vez después escriba sobre su hermana, la autocrítica). Quisiera referirme también a lo no tan chévere (pido prestado el modismo a los panas y parceros).
Puede ser muy encadenante esto, no siempre convivimos bien juntos y no siempre gano yo, al menos no al principio. Debí describir antes, mi membresía al club de los exigentes vino como un bonus al haberme iniciado previamente en algunas etapas de mi vida, dentro del Club de los Insuficientes. Un grupo muy peligroso, especialmente cuando uno de los requisitos para ser cabeza en él, es conocer en cuerpo la melancolía. La melancolía, es como esa sensación y pensamiento (todo a la vez) de «no merezco ser amado», «es imposible que alguien me quiera», «no hay forma de que alguien pueda amarme», «soy bien in-amable».
Por fortuna, en ese grupo no había histrionismo ni narcisismo, todos estábamos distribuidos entre el espacio, y al no habernos sentido merecedores, nos era difícil proponer ideas en lo individual, todo lo hacíamos juntos. Era el no merecer, lo que nos hacía desplazarnos del «yo» al «nosotros». Fue maravilloso (describo este párrafo como si hubiera convivido realmente con varias personas; en realidad, todos los «miembros del club», eran mis pensamientos y los de otros, mis sentimientos y los de otros…todos ellos dentro de mí. Había un club por adentro gestándose).
Eso es de lo que más agradezco, pues creo que aprendí a conectar, o al menos a poner mi esfuerzo en hacerlo. No siempre lo logro, pues no siempre depende de mí. Creo muy dentro de mí, que el dolor se vuelve una sintonía de gran intensidad. Imaginar, «si yo, siento todo muy fuerte en mí, imagino lo mucho que puedo servirme de esa extra-sensibilidad para percibir al otro» (diferencio percepción de conocimiento, puesto que concibo que la percepción es mi experiencia ayudándome a decodificar la experiencia de la otra persona…desde mi propia experiencia. Conocer, conllevaría aprender de la otra persona sobre su experiencia).
Mi sintonía es sensible, intensa, muy trabajada (y continúo haciéndolo), perspicaz, curiosa, creativa, tranquila también. Me lleva a lugares muy bonitos cuando medito, me ha acercado a mi formación en la psicocorporalidad, me ofrece una nueva paciencia y también se llega a manifestar muy inquieta (es bien cambiante). Me ha traído una nueva conciencia, siempre evoluciona, a veces me da miedo (pero cuando le entro a ella, siempre se termina por disipar el temor), me puede llegar a desestabilizar, pero ella misma es la que vuelve estabilizar. Creo que por esto último, es que confío tanto en ella, y siento mucho agradecimiento de tenerla, de conectar con ella y de saber que siempre está conmigo. Esto último es lo que tanto me ha ayudado al trabajo de muchas situaciones en mi vida.
Hoy, es más esporádica mi participación en estos clubes. Me atrevería a admitir que en muchas veces, sólo pago la cuota mensual pero no me presento a las juntas. Otras veces, que son bien pocas, puedo acaparar la cabecilla de la reunión y pronunciarme como un candidato a la coordinación y logística de las reuniones… pero ahora que lo pienso en tiempo real, ya no llego. Llego tarde (me da algo de pereza la exigencia, me ha dejado agotado enérgicamente), me voy antes (me doy cuenta de lo que pierdo y vislumbro con mayor rapidez lo que hay afuera de ese espacio). A veces sí llegó y a veces no. Soy bien malo para eso de la exigencia cada día más.
Extrañaba escribir así, mucho mucho. Espero tenga algo de congruencia esto que acabo de redactar, y si no, será claro ejemplo de cómo mi experiencia me llevó durante este proceso tal vez muy poco intelectual, pero sí puedo afirmar, sumamente sensitivo.
Extrañaba escribir así, me gusta lo que es interrumpido por la lógica. Sentí este momento, como aquellos minutos en los que me dedico a meditar, observo desde lejos cómo los pensamientos van y vienen, cómo se intercambian por otros y cómo otras veces se fusionan. Pero es siempre la sensación la que me suele llevar por lo que he visualizado como un río, que es el mero camino de la experiencia. Espero escribir más así, menos lógica y mojarme más por el río. Confío en mí, soy bien bueno para nadar.
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27 DE SEPTIEMBRE


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siete de Diciembre


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El dolor ajeno (Vol. 2 ep.4)


¿Qué es el dolor ajeno? ¿Qué mueve en ti el dolor ajeno? ¿Con cuáles dolores ajenos conectas y empatizas más? ¿A cuáles dolores ajenos sueles evitar o rechazar más? ¿Te has preguntado cómo tu propia experiencia de vida influye en ello?
Recuerda, lo más importante siempre será, que cada uno construyamos nuestra propia teoría partiendo desde nuestra experiencia y cosmovisión. Ninguna persona será más experta en nosotros más que nosotros mismos. Esa bella experiencia vale la pena protegerla, revelarla y nutrirla.
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Elegir, filtrar y acomodar (Vol. 2 ep.3)


Hablemos sobre esos momentos en los cuales nos hemos llegado a llenar de información, y poco de experiencias.
Me gusta imaginar el proceso de «elegir, filtrar y acomodar» como si fueran cada uno de los pasos que integran el ciclo de una lavadora; dejar que el ciclo siga su curso y se repita es lo que favorece que la ropa, en este caso uno mismo, se limpie de los excedentes de información.
Recuerda, lo más importante siempre será, que cada uno construyamos nuestra propia teoría partiendo desde nuestra experiencia y cosmovisión. Ninguna persona será más experta en nosotros más que nosotros mismos. Esa bella experiencia vale la pena protegerla, revelarla y nutrirla.
